Los caracoles, aquel plato de la abuela que sabe a tradición. Hoy no nos referimos al término como tal; hablamos del restaurante con casi doscientos años de historia que se llama así: Los Caracoles, situado en el número 14 de la calle Escudellers, en pleno Barrio Gótico. Una institución barcelonesa que acaba de cumplir 190 años y lo ha celebrado como la ocasión merece.
Los Caracoles es el restaurante al que íbamos con nuestros abuelos, y al que nuestros abuelos iban con sus padres. Como decía Cristina Bofarull, quinta generación, que junto a sus primos Aurora y Ramón actualmente lleva el timón de este proyecto que inició su bisabuelo en 1835: “sin vosotros, esto no sería posible”, en referencia a los clientes.


La historia de Los Caracoles comenzó en 1835 como una pequeña tienda de ultramarinos. Después fue una taberna, y de taberna pasó a ser restaurante. Cristina, durante su parlamento en la celebración a la que asistieron más de 300 personas, recordaba cómo se fue formando el restaurante: “Y fue creciendo poco a poco; aquí no entró ningún interiorista ni nada por el estilo, por eso se entra por la cocina”. El local se distribuye casi en forma de laberinto. Existen varias salas, algunas muy escondidas para quienes van por primera vez. Al salir, lo más probable es que te acabes perdiendo.


Cuando era taberna, la gente iba a tomar vinos y tapas de caracoles; de ahí heredó el nombre el restaurante. Quienes probaban esos caracoles quedaban maravillados, y se hablaba mucho de esa tapa en Barcelona. Cuando llegó el momento de bautizar el restaurante, la familia Bofarull no dudó en llamarlo Los Caracoles. Una receta del bisabuelo de los actuales dueños que ha perdurado con los años, junto a otros platos de nuestro recetario tradicional como los canelones, los macarrones a la Cardenal con bechamel y gratinados, la clásica bullabesa, la zarzuela o el famoso “arroz de” con caracoles y conejo. Y es obligado hacer mención especial al pollo a l’ast, un reclamo en aquella esquina de Escudellers con la máquina que se instaló en época de carpantas que aún se conserva, el asador de pollos firmado por el ingeniero Dardé. ¡Y de postre tienen el pijama! El clásico plato de flan, fruta en almíbar y nata montada. Aunque quizá uno de los preferidos de muchos son sus profiteroles con chocolate caliente por encima. 