Y estamos parafraseando a Manel Jiménez, chef ejecutivo. Así describe él el Ocaña que conoció al llegar y que ha transformado de un mejicano anodino a un restaurante dinámico, con cocina de mercado y de temporada que se identifica con el territorio y sus sabores.

El ambiente del lugar, que es inmenso, da para mucho juego. Y en este nuevo Ocaña, todo puede suceder las casi catorce horas que está abierto al público: la terraza invita a sentarse y observar el bullicio de la Plaça Reial durante el día, picotear en la cafetería gracias a su cocina ininterrumpida o emplatarse en el restaurante con opción a cócteles y sarao nocturno después en el club, bajando las escaleras (a un inframundo donde drags y sillones bajos te acogen, y te quieres abandonar). Diversión con clave gastronómica.

Ocaña Barcelona

¿Y qué platos destacan? Probamos un excepcional empedrado de atún rojo, lenteja Beluga, jengibre y sésamo. Refrescante gracias a unos acertados matices aportados por el pepino, el rabanito y el jengibre fresco rallado al momento. Seguimos con el tartar de ternera ecológica y huevo mollet, el bacalao a la miel y guiso de cebolletas (cuyo rebozado crujiente lacado de miel estaba riquísimo, pero quizás hubiéramos disfrutado más del bacalao sin él), y un entrecôte de vaca vieja (jugosa y tierna) con patatas pont neuf y salsa bearnesa que acompañamos de un Spring Mule (ginebra, crème de pêche, albahaca, zumo de pomelo y lima, miel de romero y topping de ginger ale). Y los postres, benditos. Fresas compotadas a la pimienta negra y un delicioso pan con aceite y chocolate montado sobre un crujiente pa de coca. Bocados sabrosos como colofón final.

Ocaña Barcelona

Todos ellos, platillos con base compartida: mimar el producto y escoger a los mejores productores como compañeros de viaje. Jiménez nos cuenta que sus mañanas se destinan a comprar en la Boquería o recibir las verduras frescas de Pau Santamaria (hijo del gran Santi Santamaria). De Pau son la seta de castaño al horno con yema de huevo y jugo de rustido que también hemos disfrutado.

Ocaña Barcelona

El chef Jiménez nos mira con una sonrisa ladeada, sabe que domina las reglas del juego y su carta no falla. Formado en la escuela de Cambrils a finales de los 80, estuvo en la Ciboulette de Madrid, en el desaparecido Nachel (Barcelona), en la mantequería Ravell y trece años en Grupo Sagardi. Muchas vidas en una, que incluyen ser profesor de reinserción social, asesor junto a la grande Roser Torras y profesor en la Hoffman, por cuyas manos pasó Jordi Esteve (Nectari). Y como curiosidad, la saga continúa: su hijo está estudiando cocina y su hija, Sofia Jimenez, ya es una celebrity gracias a su paso por Masterchef este año. Desde hace unos meses, ha cogido las riendas del grupo familiar de Joaquima Laguna, centrándose ahora en el Ocaña y con la mirada puesta en trabajar pronto en la propuesta del centenario Principal y del no menos antiguo Roure (en Gràcia).

En definitiva, Ocaña es un lugar para dejarse llevar. Emplazamiento céntrico, cocina domada muy apetecible, y música en directo los miércoles, jueves, viernes y sábados. Los domingos, una banda de música balcánica. Planazo non stop desde el mediodía hasta las dos y media de la madrugada.

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