Absis, la propuesta culinaria de Albert Raurich que conecta territorio y arte en el MNAC

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El restaurante Absis, liderado por el chef de Dos Palillos y ubicado en la parte más alta del MNAC, ofrece distintas propuestas gastronómicas pensadas para todo tipo de público, desde el visitante hasta el cliente local.

Hace apenas un año que Absis abrió sus puertas en la parte más alta del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), en Montjuïc, convirtiendo uno de los enclaves con mejores vistas de Barcelona en un espacio donde gastronomía y cultura dialogan. El proyecto, diseñado gastronómicamente por Albert Raurich, nace de una idea muy clara: que la experiencia culinaria sea también una prolongación del recorrido artístico del museo.

Absis

La propuesta del restaurante se articula a través de distintas opciones que buscan acercar la experiencia tanto al público local como al visitante del museo. Desde un menú de mediodía entre semana por 36,50 euros hasta dos versiones de menú degustación, la corta  de seis pases por 65 euros y otra más extensa por 85 euros. Además de la posibilidad de pedir a la carta, Absis intenta romper con la rigidez habitual de muchos restaurantes gastronómicos y construir una oferta más flexible y accesible.

Absis

Es precisamente el menú degustación largo que permite entender mejor el discurso culinario del restaurante y la filosofía que Albert Raurich ha querido trasladar al espacio. Una propuesta donde el producto mediterráneo, la memoria gastronómica y la identidad catalana aparecen constantemente, se trata de una cocina emocional y conectada al territorio. Y esa filosofía se percibe desde el primer pase. Resulta casi simbólico que la experiencia comience con un escabeche de olivas mediterráneas. Un gesto aparentemente sencillo, incluso humilde, pero que resume perfectamente la esencia de Absis: elevar el producto cotidiano, reivindicar la cocina mediterránea y demostrar que incluso unas aceitunas pueden convertirse en alta cocina cuando hay detrás una técnica, sensibilidad y un discurso gastronómico maduro. 

Absis

A partir de ahí, el menú avanza como un recorrido por la memoria culinaria mediterránea y catalana. La sardina con envolturas de remolacha y pistacho es un plato fresco y equilibrado. El vitello tonnato procede del universo de Dos Pebrots que conecta directamente con la faceta más patrimonial y arqueológica de Raurich, siempre interesado en rescatar recetas y elaboraciones históricas desde una mirada contemporánea. Uno de los platos más memorables llega con los ñoquis acompañados de asado de pollo y setas, donde el protagonismo lo adquiere el fondo, es profundo y reconfortante, esto remite a la cocina de chup chup. Pero probablemente sea el pollo de corral a la catalana con vieiras uno de los pases que mejor define el espíritu del restaurante: un mar y montaña refinado y elegante, capaz de reinterpretar la tradición catalana sin perder autenticidad. Incluso en los postres aparece esa voluntad de conectar gastronomía y memoria. El coulant de algarroba, definido como “el chocolate de los pobres”, transforma un ingrediente históricamente humilde en un cierre sofisticado y auténtico. 

Hablar de Absis es también hablar de la trayectoria de Albert Raurich, uno de los cocineros más influyentes de la gastronomía barcelonesa contemporánea. El chef se ha consolidado con proyectos como Dos Palillos, con una estrella Michelin, y Dos Pebrots, donde profundiza en la recuperación del recetario histórico mediterráneo y en una cocina vinculada al producto y a la memoria gastronómica

Y, en Absis esa mirada vuelve a estar muy presente, aunque desde una mirada más abierta y accesible. Aquí el protagonismo absoluto lo tiene el producto de proximidad y de temporada. Lejos de la alta cocina entendida como algo alcanzable solo para algunos, la propuesta del restaurante encuentra fuerza precisamente en esa capacidad de emocionar desde un producto reconocible para todos, desde sabores que remiten al territorio y desde una técnica sutil que nunca eclipsa al producto. Igual que el museo reivindica el patrimonio artístico catalán, el restaurante reivindica el patrimonio gastronómico. Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es el reto que supone estar dentro de un museo. El propio equipo reconoce que todavía existe cierto prejuicio hacia los restaurantes ubicados en espacios culturales: muchos visitantes esperan propuestas pensadas únicamente para turistas, con precios elevados y una oferta gastronómica secundaria. Este lugar juega precisamente a desmontar esa idea con una cocina gastronómica accesible y mucho más flexible de lo que encontramos habitualmente. 

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Detrás del proyecto se encuentra Vilaplana Catering, empresa responsable de la gestión gastronómica de los distintos espacios del museo, incluyendo también la Terraza del MNAC y Oval Cafè (ambos espacios ofrecen referencias dulces y saladas del pastelero Christian Escribà, entre otras). Todo ello forma parte de una misma visión: entender la gastronomía como una experiencia cultural completa. 

 

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