En Taula Puntal, la experiencia gastronómica comienza antes de sentarse en la mesa. El acceso es a través del bar, ya que el proyecto forma parte de un espacio gastronómico situado en pleno barrio del Born. Desde ahí, el recorrido conduce al lugar de la propuesta: una mesa de aproximadamente diez metros de largo concebida para ser compartida.
En ella se sientan comensales que no se conocen entre sí, pero el diseño y las dimensiones de la mesa evitan cualquier sensación de incomodidad. Hay espacio suficiente para mantener la intimidad, estar a tu aire y disfrutar de la experiencia sin interferencias.
Un proyecto impulsado por los chefs Markel Cormenzana y Víctor Regàs, quienes han querido trasladar a Barcelona el concepto de mesa larga de tradición vasca, reinterpretándolo con una identidad propia. En Taula Puntal, esta mesa compartida se convierte en el escenario de un recorrido por el paisaje de producto y territorio de Catalunya, con una mirada muy clara hacia el origen de cada ingrediente y el papel fundamental de los productores.
La propuesta gastronómica se articula en torno a un menú degustación de diez pasos, con un precio de 48€ (bebida aparte), que funciona como un viaje por mar, montaña, campo y huerta. El producto es el eje principal del menú. Cuando un ingrediente no está disponible o no se encuentra en su mejor momento, simplemente no aparece en el menú. No hay sustituciones forzadas, la temporalidad marca el ritmo de la cocina y define cada plato.


Los platos muestran técnica y reflexión, pero sin florituras innecesarias. Es una cocina trabajada, coherente y bien ejecutada, fácil de entender para el comensal y centrada en poner en valor el producto. Un menú que cambia con las estaciones, en el menú de otoño encontramos todo esto. Aparecen elaboraciones como un pil-pil de boletus del Montseny, donde la seta es la protagonista absoluta, o un salmonete trabajado con suquet y patata, elaborado con pescado del Moll del Rellotge de la Barceloneta, que conecta directamente con la cocina marinera También hay espacio para el diálogo entre mar y montaña con un pase de chipirones que combina producto del Delta del Ebro y del Empordà así como platos de carácter más terrestre, como el ciervo acompañado de remolacha y pera que remite al bosque y a la cocina de temporada.

El ritmo del servicio refuerza la experiencia. El menú se desarrolla sin pausa, sin prisas, y cada plato llega acompañado de su explicación, a veces dirigida a varios comensales al mismo tiempo. Este formato genera un ambiente cercano y didáctico, que permite entender mejor los platos, los vinos y el concepto general. Y, evidentemente, esta explicación gira en torno a los productos con los que se elabora cada plato, de dónde proceden y por qué forman parte del menú en ese momento concreto.
Taula Puntal construye así una propuesta coherente de principio a fin, basada en dar protagonismo real al producto, al productor y al territorio, utilizando la mesa compartida como espacio de encuentro y de relato gastronómico. Una de esas propuestas que se recuerdan por lo que se vive, no únicamente por lo que se come. Una mesa larga donde el tiempo avanza a un ritmo diferente del que se vive justamente al otro lado de la puerta, donde el producto marca el menú y donde compartir espacio no significa renunciar a la intimidad. Un proyecto que habla de territorio, pero también de personas. De los productores que hay detrás de cada ingrediente y del respeto absoluto por el mismo. Y de una cocina que respeta al máximo el producto y que se adapta a lo que da el paisaje en cada momento. Aquí el tiempo va un poco más despacio.

