A lo largo de la historia Sants es un barrio que se ha diferenciado por su adn obrero. Hecho que ha influido en su evolución más lenta gastronómicamente hablando, comparada con la de otros barrios. Durante años su identidad se sostuvo sobre bares de toda la vida, bodegas con parroquia fiel y una vida de barrio que parecía inmutable. Pero en este mismo tejido empezó a surgir una nueva escena gastronómica que hoy lo ha convertido en uno de los lugares más interesante para comer en la ciudad.
Recorrer Sants es una forma distinta de hacer gastronomía en Barcelona. En calles como Vallespir conviven cocinas creativas, restaurantes contemporáneos y locales históricos que no han desaparecido, sino que se complementan. Parte de este crecimiento se explica por la complicidad entre restauradores.
La Mundana


La Mundana es, para muchos, el origen de todo. Este proyecto redefinió el concepto de vermutería en Barcelona, llevándolo hacia una cocina de platillos creativos donde conviven influencias mediterráneas y asiáticas. Aquí el tapeo deja de ser algo informal para convertirse en una experiencia más pensada, sin perder cercanía. Sus patatas bravas con ajo negro son ya un clásico del barrio: crujientes por fuera, con una salsa distinta a las que estamos acostumbrados que las hace muy especiales. También destacan por platos como las costillas de cerdo glaseadas al estilo asiático, melosas y con ese equilibrio dulce, salado y ácido, o sus arroces de temporada, donde el producto marca el ritmo pero siempre con ese punto de creatividad que caracteriza al restaurante.
Su carta mezcla técnica y desenfado: platos intensos, bien ejecutados, con ese equilibrio entre producto, creatividad y sabor. Más allá de lo que se come, su importancia radica en haber demostrado que Sants podía ser un destino gastronómico por sí mismo.
Shoronpo
Shoronpo representa la cara más inquieta y contemporánea del barrio. Es un espacio pequeño, casi de culto, donde la cocina asiática se interpreta con libertad absoluta. Aquí pueden aparecer platos como un ramen reinterpretado, más concentrado y menos ortodoxo, o elaboraciones con pescado donde el corte o el aliño recuerdan a Japón pero el resultado final es completamente personal. También es habitual encontrar bocados con fermentados, caldos intensos o combinaciones inesperadas.
Cada plato tiene una intención clara: sorprender si perder coherencia. Es un lugar donde el menú cambia y donde lo importante no es reconocer, sino descubrir.
Tramendu
Tramendu funciona como un pequeño ecosistema gastronómico dentro de Sants, con tres espacios diferenciados que responden a distintos momentos y formas de comer, pero con una misma base: producto, identidad de barrio y una cocina bien ejecutada.
La primera parada es la vermutería, donde el protagonista es el aperitivo y el tapeo clásico bien cuidado. Aquí funcionan muy bien platos como una buena ensaladilla rusa o unas patatas bravas. También triunfan las gildas, conservas seleccionadas y los embutidos, todo pensado para acompañar el vermut.
La brasería es fuego y tradición catalana, en un pequeño local que remite directamente a la cocina de siempre. Aquí el ritual empieza con las tostadas de pan de pagès, tomate y ajo, para que cada comensal se prepare su propio pan con tomate a su gusto. A partir de ahí, el protagonismo es de la brasa: butifarra, cordero, verduras… Una experiencia sencilla, con manteles de cuadros y el porró.
El restaurante de Tramendu es donde el proyecto se vuelve más gastronómico. Aquí aparecen platos más elaborados como su ‘pasta de full, bacallà, piquillos i cecina’, o las ‘mongetes del ganxet, cocotxes i tripa de bacallà’.
Gurí

Gurí se mueve en ese punto que define tan bien Sants hoy. Su cocina parte de la tradición mediterránea, pero con sensibilidad contemporánea. Su identidad es especialmente interesante porque mezcla raíces rioplatenses con producto mediterráneo, generando un lenguaje que no cae en etiquetas a las que estamos acostumbrados.
En su carta encontramos respeto por el territorio y estacionalidad del producto, pero también una voluntad de explorar a través de procesos como la fermentación, las maduraciones o el uso del fuego. Esto se traduce en platos muy construidos, donde cada elemento tiene sentido. Por ejemplo: elaboraciones como la empanadilla de cangrejo azul del Ebro con emulsión de lechuga de mar combinan técnica y producto local. O el crujiente de tapioca con corzo madurado y emulsión de tuétano, donde aparecen esos matices salvajes que definen su cocina.
También hay un trabajo muy claro con el producto vegetal, como en la calabaza en texturas con garum vegetal y pipas, o la alubia del ganxet con calçot fermentado y romesco. En los principales, encontramos platos como la presa de cerdo gascón madurada con berenjenas y semillas de mostaza, o el lomo bajo de vaca frisona madurada 40 días con chimichurri y micro puerros. Más que un restaurante, Gurí propone una experiencia donde cada plato busca emocionar desde el sabor y el proceso.
Addis Abeba
Addis Abeba introduce en el barrio una dimensión completamente distinta: la cocina etíope, aún poco representada en Barcelona, con personalidad gastronómica muy potente. Aquí la experiencia es colectiva desde que entras al restaurante. Los platos se sirven sobre injera, ese pan esponjoso, que fusiona a la vez como base y como utensilio. No hay cubiertos: se come con las manos, compartiendo, en una dinámica que convierte la comida en algo mucho más social.
Entre los platos más representativos están los wats que son guisos especiados, como el ‘doro wat (pollo cocinado lentamente con mezcla de especias berbere y huevo, o el ‘misir wat’ (de lentejas). También destacan combinaciones de verduras especiadas, carnes guisadas y platos mixtos que te permiten viajar hasta Etiopía sin salir de Barcelona.
Bodega Montferry
La Bodega Montferry es de los antiguos, una bodega que nació en los años 60 que ha sabido mantenerse fiel a su esencia y adaptarse al presente, convirtiéndose hoy en uno de los grandes templos del esmorzar de forquilla en Barcelona.
El desayuno en la Montferry no es ligero, sino todo lo contrario: platos de guiso contundente que reivindican una forma de comer que ha marcado la tradición y está más viva que nunca. Entre los imprescindibles destacan el cap i pota, las albóndigas guisadas o el bacalao con samfaina. A este universo se suman sus famosos bocadillos como el de fricandó o el de panceta, sobrasada y brie. A lo largo del día, la propuesta sigue mutando naturalmente hacia el tapeo clásico de bodega, donde brillan las croquetas caseras, las tortillas, las anchoas o la oreja que está espectacular.
Lo que hace especial a la Bodega Montferry es esa esencia de bodega que mantiene donde reina el buen ambiente y la ‘bona teca’.
La Cua Curta


La Cua Curta es un proyecto con casi medio siglo de historia que nació en el Born y se ha trasladado a Sants manteniendo intacta su esencia. Es un restaurante para compartir y alargar la sobremesa donde la propuesta gira entorno al queso.
Aquí las fondues son protagonistas, desde la clásica mezcla de emmental y gruyère hasta versiones más personales con ingredientes que aportan matices. Y también te ofrecen la posibilidad de disfrutar de una experiencia completa con una selección de tablas de quesos y embutidos, patés caseros y platos fríos como carpaccios y tartars. Más allá de la cocina, Cua Curta destaca por una filosofía tranquila en un lugar cálido, acogedor, casi romántico, que te permite desconectar del ritmo frenético de la ciudad.
Forno Bomba
Forno Bomba aporta la dimensión italiana en Sants. Se trata de un horno artesanal italiano con elaboraciones como el pan de masa madre, las focaccias, la pizza al taglio y una pequeña selección de bollería. Una propuesta aparentemente sencilla que engaña, el buen product va acompañado de la técnica precisa. La focaccia, de hecho, se ha convertido en uno de los grandes reclamos: fina, rústica y sin excesos, pensada para que la masa y el aceite sean protagonistas. Con versiones clásicas como la de romero y sal gruesa o combinaciones más completas con mortadela y pistacho.
Las pizzas al corte siguen esa misma filosofía, con propuestas como la clásica margherita, donde priman la calidad del tomate y la mozzarella, o combinaciones de patata y romero, muy italianas y centradas en el producto. En conjunto, Forno Bomba pone en valor en Sants algo tan básico como hacer buen pan y elaboraciones sencillas a partir de éste.




