Toda la vida nos enseñan que no hay que decir palabrotas, pero después es pisar un lugar nuevo y lo primero que aprendemos son precisamente esas. Y a esta reflexión nos llevó el neón rojo que te recibe en My Fucking Restaurant. My. Fucking. Restaurant. Matteo Bertozzi y Nicola Drago, sus chef, nos explican que el nombre es este porque es curioso y llama la atención, aunque también tiene un poco de guiño al descaro típico de Italia, su país de origen. Sin entrar en traducciones, sólo decir que dentro de la incorrección política del nombre de este restaurante se encuentra una propuesta más que correcta firmada por el par de italianos. Siguiendo con los extranjerismos, are you in?
La propuesta gastronómica se basa en tapas y platillos inspirados en recetas familiares de la tradición italo-catalana de Bertozzi y Drago que, además, hace más de diez años que viven en Barcelona. Así, en cada bocado viajas de un país a otro. Para empezar probamos unas ostras; naturales y del día. Estas segundas con un color verde precioso dado por las algas y el eneldo utilizados en su preparación y un sabor igual de delicioso. Un entrante con el producto de moda que ya puso el listón alto.
Para seguir, llegaron a la mesa tres platillos con tres puntos a destacar de manera especial. El primero, un taco de parmesano con caponata, un pisto típico de Sicilia, y que nos sorprendió por la textura y sabor que daba el queso a la masa. El segundo, un steak tartar con un aderezo memorable del que hubiéramos comido un par más. El tercero y último de la tanda, una burrata con mostaza y cebolla frita. Los tres platillos nos sorprendieron muy gratamente, pero el último nos conquistó con la textura perfecta del queso fresco que tenía un sabor lácteo muy suave que combinaba a la perfección con el resto de ingredientes.



Después de este trío, pasamos a unas croquetas de osobuco con limón. Bajo el crujiente ideal de las mismas no encontramos un relleno de bechamel, sino carne de osobuco deshilachada. Un bocado con un sabor potente y contrastado de manera deliciosa con el cítrico de la fruta. Estas bolitas crepitantes también compartieron mesa con unas patatas bravas igual de crujientes. La capa exterior en comparación con la interior tenía una notable diferencia de textura que ya en el paladar te hacía salivar. La salsa es picante y explosiva, pero es lo que le da fuegote al platillo.


Por último, antes de llegar a los postres, aterrizó en la mesa una carne de ternera servida en una mini parrilla que desprendía los olores que nuestra mente rápidamente asocia a un gran festín. Así fue. La carne, servida en finas láminas, era pura mantequilla en boca y estaba ligeramente cruda en el centro.
El final feliz también vino en tres partes. Primero, con un granizado de gin tonic con frutos rojos, seguido de una tarta de queso y rematado con un un dulce de peso: las “Rocas de chocolate con bourbon”. Un curioso y dulce final para una fucking experiencia recomendable para ir con amigos, tu pareja o familiares.



Dejando la parte sólida a un lado, la parte líquida estuvo al mismo nivel gracias a los vinos naturales que nos sirvieron. Y ambas partes quedaron redondeadas gracias a un personal muy atento y agradable y, por cierto, no dicen palabrotas.
Si Bertozzi y Drago parecen maldecir su restaurante, a nosotros nos da por bendecir y tararear en la lengua materna de los chefs: “felicitá é un bicchiere di vino con un panino”… en My Fucking Restaurant. Más concretamente en el número 35 de la calle Nou de la Rambla en el barrio de Raval.
