En el número 304 de la calle Mallorca, en pleno Eixample barcelonés, se encuentra Embat, un restaurante que ocupa los bajos de una finca modernista i que desde 2007 mantiene una identidad sólida y sincera: una cocina mediterránea evolucionada, con raíces catalanas y producto de proximidad.
Su nombre, Embat, hace referencia al viento térmico que sopla en la costa de Mallorca, ese viento suave que viene de mar hacia tierra y simboliza frescor y armonía. Esa misma sensación es la que transmite su cocina: un equilibrio entre la técnica y la naturalidad.
Nos recibe Roser, jefa de sala desde hace doce años, con una amabilidad tan natural como la del propio espacio. Es la única en la sala y conduce el servicio con calma, conocimiento y una cercanía que se agradece. Nos lleva hasta la cocina, donde trabajan los chefs Santi Rebés y Marta Cros, responsables del proyecto desde hace años y del rumbo actual del restaurante.
Los tres conforman un equipo pequeño, compacto, que funciona como una familia. Su complicidad se nota en el ambiente y, sobre todo, en el plato.


A mediodía, de lunes a viernes, Embat ofrece un menú de 25 euros con cuatro primeros, cuatro segundos y tres postres caseros a elegir. Platos sencillos pero cuidados, en los que prima el sabor.
Por la noche y fines de semana, la propuesta se transforma en un menú degustación flexible de 39,50 euros, estructurado en cinco partes, con tres opciones en cada una. Además, ofrecen la posibilidad de sustituir alguno de los platos por una sugerencia extra vinculada al producto de temporada. En nuestra visita, el otoño traía consigo las setas, protagonistas de varias de las creaciones del día.
Su cocina es honesta, con personalidad y sabor. Sencilla, pero con técnica bien aplicada.
Probamos varios platos que reflejan esa filosofía: los espárragos con parmesano, delicadeza y frescura; el tatén de cebolla, sabor y una muestra del talento técnico de la casa; y las albóndigas de pollo, ravioli y rossinyols, un guiño a la temporada con toque fresco de limón.
Los postres merecen mención aparte. Finos, elegantes y con un equilibrio justo de dulzor, revelan la trayectoria de Santi Rebés, que durante años trabajó en la reconocida Escuela de Pastelería Espai Sucre.
Embat no busca deslumbrar con artificios ni grandes gestos. Su fuerza reside en lo esencial: el producto, la técnica bien entendida, el ritmo tranquilo del servicio. Aquí todo tiene sentido, desde la naturalidad con la que Roser conduce la sala hasta la sensibilidad con que Santi y Marta construyen cada plato.


