Los pintxos son mucho más que una simple tapa: son una auténtica fiesta para los sentidos. Cada bocado se entrelaza de forma magistral, creando una sinergia que no solo despierta las papilas gustativas, sino que conecta las tradiciones culinarias de toda España. En el restaurante Olaberría, se ofrece una experiencia única desde el mismo momento en que cruzas la puerta: una barra informal repleta de encanto te recibe para poder disfrutar de platos sencillos pero sabrosos de la cocina vasca.
En la oferta de pintxos se encuentran manjares como el pintxo de corazón de alcachofa, con cebolleta cocinada a baja temperatura, piparra encurtida y un toque de trufa negra; el pintxo de Roast Beef, con picaña de buey “El Capricho”, salsa tártara casera y demiglace; y el pintxo matrimonio de tomates, queso vasco de cabra y anchoa de Santoña, que combinan frescura e intensidad en cada bocado.
Al fondo de Olaberría se encuentra su sala más formal, un rincón que ofrece una carta más exclusiva y refinada. El tragaluz que preside la sala baña la estancia de luz natural, creando un ambiente cálido y acogedor que hace que cada comida sea una experiencia memorable.
En su carta se encuentran manjares que no dejan indiferente: las almejas gallegas en reducción de Txacoli, un plato con la intensidad del mar con el toque sutil y afrutado del Txacoli, elevando cada bocado a una nueva dimensión. Por otro lado, las kokotxas de bacalao al pil pil, con su delicada textura y la suavidad del bacalao, se funden con la salsa emulsionada en un espectáculo de sabores redondos y sabrosos que invitan a disfrutar de la cocina más auténtica del País Vasco.
Uno de los grandes protagonistas de la carta es la txuleta de vaca madurada más de 50 días de Tolosa a la brasa, que, con su sabor profundo y textura jugosa, es todo un deleite para los amantes de la buena carne. Sin embargo, el auténtico protagonista es el Txuleton de buey madurado más de 90 días “El Capricho” a la brasa, una pieza imponente que ofrece una explosión de sabor incomparable. La carne, tierna y llena de matices, se combina a la perfección con los pimientos del piquillo ahumados, que aportan un toque dulce y ahumado, y una fresca ensalada verde con cebolla tierna, que ofrece el contraste ideal para equilibrar este festín de sabores. Y por supuesto, no todo en Olaberría son carnes: también cuentan con una excelente selección de pescados frescos, preparados con la misma pasión y esmero, para quienes buscan una opción más ligera pero igualmente deliciosa.
En el apartado de postres, como buen restaurante vasco, no podía faltar la clásica tarta de queso casera, suave y cremosa, con ese sabor auténtico que nunca decepciona. Y, como en toda carta que se precie, también encontraréis una torrija casera acompañada de helado de vainilla mexicana, un dulce irresistible que combina la suavidad de la torrija con la cremosidad del helado, creando una combinación de sabores que es el cierre perfecto para una comida memorable.