Malparit: prohibido no lamer el plato

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En Malparit, donde cada plato esconde una frase bien canalla, comerás como un rey y te sentirás cómodamente informal.

restaurante malparit

Con 10 años de experiencia y cuatro proyectos bajo el ala del grupo No Hay Mañana, Leo Chechelnitzky se ha convertido en el hijo macarra de Barcelona con restaurantes como Madre o Chamako. Malparit, que en catalán designa a esa persona que hace las cosas tan bien que provoca una envidia positiva, actualiza la cocina tradicional catalana usando productos premium, con el objetivo de atraer tanto a los jóvenes como a los más puristas.

Presentando dos conceptos bien diferenciados –barra y sala–, demuestran que hay que dejar atrás los prejuicios sobre comer en la barra, esa idea de que la experiencia no se disfruta de la misma manera o que existe una jerarquía gastronómica entre comer sentado o en la barra. En ambos espacios, con cartas diferentes, siempre sales satisfecho y con la sensación de haber descubierto sabores tradicionales reinventados. Ya sea para un tapeo más desenfadado o una comida más relajada en la calidez de la sala, en Malparit todo el mundo come como un monarca.

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La tapa por excelencia del moderneo es la gilda, y por supuesto, en Malparit no podía faltar. Su gilda triple boquerón es contundente y apimentada,diseñada para activar todos los sentidos de nuestra boca. Hay que meterla sin pensarlo, masticarla rápidamente, como cuando te quitas una tirita. Su punto amargo y ácido nos hace replantearnos hasta nuestra existencia, pero, una vez devorada, siempre queremos más. Picantona también es su ensaladilla rusa con gamba al pil pil. Es contundente e invita a hincar el tenedor hasta dejar el plato vacío. Esta reacción es común con todos los platos del restaurante, tanto que podrían prescindir del lavavajillas.

El concepto de la caña de lomo de pez espada está listo para desbancar al lomo de cerdo como el aperitivo favorito. Su sabor más suave lo hace apto para todos los paladares, y en cierto modo, ofrece una alternativa menos salada a la mojama, tan común en las tascas y bodegas.

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Estamos tan acostumbrados a que nos sirvan la ración de torreznos cortados, que cuando el camarero nos trae una bandeja con el taco entero y un cuchillo, no sabemos cómo reaccionar. Este torrezno de Soria malparit se corta a tu gusto, ya sea más grueso o más fino. La jugosidad no se pierde, y el sabor de su corteza, como su nombre indica, recuerda a las de bolsa que tanto nos gusta comer.  Como dato curioso: aquí es el único sitio donde sirven el torrezno entero.

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El cap i pota de Malparit lo tiene todo para arrasar: colágeno, melosidad, contundencia, el punto justo de picante y, para rematar, una sorpresa al fondo del plato. Comer este cap i pota es como un rasca y gana con premio asegurado. Como hay que guardar las formas, nos conformamos con rebañar bien el plato con un buen trozo de pan, y si es de masa madre, mucho mejor. Sirven el pan con distintos acompañamientos para sacar el máximo partido a este simple pero laborioso resultado de una fermentación. Se puede acompañar de tomate rallado, alioli, salsa romesco y mantequilla de pimienta.

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Después de este banquete, y mucho más, no podía terminarse la velada en Malparit de otra manera que con un flan muy bien parido. Es un postre tan versátil que, incluso si no eres de dulces, te terminará conquistando. Si aún te faltan motivos para ir, tienen varios vermuts y limoncellos caseros preparados en el mismo restaurante, además de una selección de 140 referencias de vino natural que miran muy de cerca a las denominaciones de origen de Cataluña. Con un ticket medio que oscila entre los 35 y 60 € por persona, no es de extrañar que Malparit se haya posicionado como una de las joyas gastronómicas de 2024 y que augure un 2025 bastante prometedor.

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